
Aún hoy se continúa considerando de mala suerte derramarla.
Para ahuyentar los malos augurios, cuando de te caiga la sal, coge un poquito de ésta con la mano derecha y arrójala por encima del hombro izquierdo mientras dices:
"Dios, Diosa, que la sal que se me ha caído, mi hogar (o este sitio) haya bendecido".
Bendiciones!
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